miércoles, 20 de febrero de 2013

Piar General en Jefe









2 de mayo de 1817.  Bolívar llegó al campamento de Piar en la Mesa de Angostura y aprobó todos sus actos.  Lo confirmó en el grado de general en jefe, con el que fue designado después de la batalla del Juncal.  Bolívar, tras la toma de la Casa Fuerte en Barcelona, se había devuelto  desde El Chaparro con 500 hombres y su Estado Mayor, para establece definitivamente su Cuartel General en Angostura al fin convencido de la estrategia del General Manuel Piar.
Al encargarse del mando reunió los batallones y los dividió en dos  cuerpos: uno al mando de Bermúdez y Cedeño para sitiar y tomar Angostura y otro cuyo mando se reservó  para estrechar y tomar las Fortalezas de Guayana. A Piar se le asignó sostener las Misiones del Caroní y para cerrar el cerco por la arteria del Orinoco el Libertador llamó al Almirante Luis Brión que se hallaba en Pampatar, de donde zarpó el 31 de mayo con tres bergantines, tres goletas y cinco flecheras al mando del Capitán margariteño Antonio Díaz.
            Con aquel cerco y la ciudad hostigada por sus puntos defendidos, al Brigadier La Torre que se había refugiado en ella después de la derrota de San Félix, no le quedaba otra salida que rendirse antes que sus tropas y la población civil terminaran pereciendo más por hambre y extenuación que por el fuego sostenido de los patriotas.
            A medida que el cerco se fue haciendo más cerrado fueron creciendo las necesidades de la población. “El bloqueo era ya completo por todas partes y a medida que pasaban los días aumentaba el hambre de un modo espantoso”, cuenta en sus Memorias el oficial realista Rafael Sevilla, señalando que: “en tan suprema angustia el Brigadier mandó reunir en el almacén militar todas las pocas provisiones que había en poder de los particulares, y a partir del 25 (mayo), desde el General hasta el último soldado, desde el acaudalado comerciante hasta el más infeliz particular, todos fuimos reducidos a una ración igual. Empezó por distribuirse una pedazo de tasajo y cuatro onzas de pan por persona mayor; concluidos estos artículos a los cinco días, vivimos otro ocho con fideos, garbanzos y vino; agotado esto, se nos distribuyó puñados de maíz en grano y algún pescado, cuando lo había, pero los peces se ahuyentaron de aquella parte del río en que tan perseguidos eran y el maíz se acabó. Matóse pues el caballo del brigadier, y el otro día el del contador Tomaseti; después los demás, los mulos y los burros que había; todo esto no duró más que dos días. Concluido el ganado caballar, nos repartimos unas raciones de cacao y azúcar primero, y de cacao sólo después  y dos dedos de ron. No quedó en la plaza ni gato ni rata que no nos comiéramos…”.

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