jueves, 14 de febrero de 2013

A causa de aneurisma en la orta murió Manuel Palacio Fajardo




8 de mayo de 1819.  Falleció tras tres días de intensa fiebre el diputado del Congreso de Angostura doctor Manuel Palacio Fajardo.  El Correo del Orinoco, del cual era redactor, publica en su edición 31 del 15 de mayo, la siguiente Necrología: “Venezuela llora la muerte de uno de sus más distinguidos hijos: el honorable representante Manuel Palacios, quien  falleció en la mañana del 8 del corriente después de tres días de fiebre, y a consecuencia de un aneurisma en la aorta, a la edad de 32 años.
            Nació el Señor Palacio en Villa de Mijagual en la Provincia de Barinas; fue educado en el seminario de Mérida; y la Universidad de Santa Fe premio sus distinguidas tareas literarias con los grados de Doctor en ambos derechos y en medicina. Allí fue también recibido de abogado por la Audiencia de aquel Virreinato.
            Su amor a la justicia y su amor y compasión por la humanidad, que tanto lo distinguieron, lo hicieron sobresalir desde el principio entre  los que han trabajado por sacudir el opresivo é ignominioso yugo de la España; y el primer Congreso de Venezuela se gloriaba de ver en su seno a tan ilustre joven.
            Cuando perdida Venezuela a consecuencia  del espantoso terremoto de 1812, se ocupaba la Nueva Granada de los medios de liberarla del pérfido y feroz Monteverde, Palacio fue uno de los diputados enviados a Estados Unidos, y a las principales Naciones de la Europa a solicitar los recursos que necesitábamos para hacer la guerra con suceso. Su misión fue tan fructuosa como podía esperarse: y su predilección a la ciencia que más consuela la humanidad doliente, encontró allí un pábulo que pudiera saciar sus deseos. Se distinguió principalmente en la química y en la medicina: lo trataban con singular aprecio los literatos que eran testigos de su aplicación, de sus conocimientos, y de sus virtudes; más combatíase aun contra los tíranos en su país natal, y lo vimos abandonar la dulzura de una sociedad  ilustrada, y el recreo de los sabios, y llegar a nuestros costas en un buque cargado de materiales para el triunfo.
            Estuvo ocupado desde su llegada en destinos públicos.  El segundo Congreso de Venezuela lo contó también entre sus miembros al ver lo que podía aportar su experiencia, los viajes, y el estudio. Fue nombrado por el Gobierno Supremo  Secretario de Estado y de Hacienda, y en el Ministerio, así como en el resto de su vida pública, se le vio siempre magistrado proactivo, diligente. Pocos momentos de ocio podían quedar a quien era de los principales encargados de nuestro edificio público.  A costa de vigilias y privaciones en su vida privada, Palacio tenía siempre tiempo para ir a consolar al enfermo y éste encontraba siempre en él todo auxilio médico, dado con el interés y la bondad de amigo.

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