lunes, 28 de enero de 2013

El Ferrocarril del Orinoco




24 de mayo de 1881. El Estado venezolano otorgó al General Venancio Pulgar un contrato para construir un Ferrocarril del Orinoco hasta las minas auríferas de El Callao.  Dos años después, es decir, en 1883, el Contrato fue renovado por Ley del Congreso Nacional y traspasado el mismo año por el Gobierno a la empresa norteamericana “Guayana Limitada”.  Pero nada pasó, la construcción del ansiado proyecto ferrocarrilero se quedó en letra muerta.
En 1885 se les conceden iguales derechos contractuales al Señor Fitzgerald y el mismo año a Teodoro Delort y Eugenio Firminach.
            En 1888, bajo el gobierno del doctor Juan Pablo Rojas Paúl, el gobierno venezolano otorgó un nuevo Contrato a la “De La Hante y Compañía  para construir en el lapso de cuatro meses, un Ferrocarril entre el Orinoco y Guasipati, compuesto de dos líneas, monopolio exclusivo de 99 años sobre el uso del ferrocarril y pagando el Estado un interés anual del 7 por ciento sobre 1.600.000,00 libras esterlinas que para entonces costaría la construcción de las líneas.  Este convenio degeneró en una controversia pues los ingleses habían avanzado tanto que ya consideraban como suyas las tierras de El Callao y Guasipati.
            El empeño sostenido del Gobierno por la construcción de un Ferrocarril en Guayana nunca tuvo éxito y menos lo iba a tener en 1888, un año luego de haber el Gobierno británico publicado la expandida “Línea Shomburgk” a la par que los colonos británicos presionaban para que el Gobierno de Londres se anexara el rico distrito del Yuruary.
            En 1891, cuando la presión británica virtualmente se veía disminuida, se produjo en Madrid, donde  se decidía la cuestión de límites de la Goajira, un fallo favorable a Colombia. Este laudo arbitral tan desfavorable a los intereses venezolanos alentó al Gobierno Británico y en 1895, bajo el Gobierno de Joaquín Crespo reanudó el avance desde Demerara y el Esequibo, por las inmensas soledades de la selva guayanesa para provocar un conflicto, como en efecto ocurrió con el llamado “Incidente del Cuyuní” protagonizado por el General Domingo Sifontes, que le permitirá dilucidar en forma conveniente una situación en la que ella, Inglaterra, debido a su gran poder imperial, tenía todas las de ganar, como efectivamente sucedió con el Laudo Arbitral de París en que Venezuela perdió 150 mil kilómetros cuadrados en la zona del Esequibo que siempre hemos venido reclamando.

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