miércoles, 29 de mayo de 2013

El Provisor de la Catedral en 1820

15 de Enero de 1820. El Provisor de la Catedral, doctor Remigio Pérez Hurtado,  envía una relación a la Santa Sede sobre la situación  de la Diócesis de Guayana, desde su creación el 20 de mayo de 1790 hasta la fecha y en ella manifiesta su simpatía por la causa republicana y elogia el comportamiento de los soldados,  quienes “se han coronado de laureles y repetidos triunfos que libremente nos ha concedido el Gran Dios de las Batallas”.
            Domingo Remigio Pérez Hurtado, doctor en Derecho Canónico y Abogado de la Real Audiencia, nacido en El Tocuyo, Estado Lara, el primero de octubre de 1764, comenzó a figurar en la Diócesis de Guayana a fines de 1799, cuando el canónigo José Antonio García Mohedano es designado Obispo titular y lo nombra su Provisor mientras recibía las bulas, necesarias para su consagración. De manera que el cargo de Provisor lo ejerce hasta 1801 que es cuando Monseñor García Mohedano toma posesión, pero continúa como Vicario General hasta la muerte del Obispo ocurrida el 17 de octubre de 1804. Entonces vuelve a ser Provisor durante la vacante producida por la muerte del anciano prelado.
            En 1809 el canónigo José Ventura Cabello es preconizado Obispo de la Diócesis y el Dr. Pérez Hurtado pasa a ser su asesor y abogado consultor hasta 1817 que la provincia de Guayana cae definitivamente en manos de los republicanos.
            Después de la muerte del obispo José Ventura Cabello ocurrida en circunstancias dramáticas el 21 de agosto de 1817, en la Isla Guacamaya, los canónigos Felipe de Ávila y Pérez Hurtado, quienes acompañaban al prelado, son rescatados por los patriotas y devueltos al seno de la Iglesia en Angostura, donde el Libertador los insta a reunirse y ponerse de acuerdo en torno a una máxima autoridad eclesiástica para que la Diócesis no permanezca acéfala.
            El 16 de octubre de 1817 fue el confesor de Piar hora antes de ser pasado por las armas y a él le entregó un Cristo de plata para que orase nte él  hasta  puertas afuera del patíbulo.
            El clero congregado el 25 de enero de 1818 designó al canónigo Pérez Hurtado, vicario capitular y gobernador del obispado, a quien tal vez tocó la época más difícil de la Diócesis, pues decenas de sacerdotes nativos desertaron para enrolarse en la lucha por la independencia, mientras en las Misiones habían quedado desamparadas de pastor debido a la degollina de Caruachi.



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