domingo, 20 de octubre de 2013

Expedición de Diego de Ordaz

20 de octubre de 1530. Diego de Ordaz, en calidad de Comendador, Adelantado y Alguacil Mayor, zarpó de San Lucas de Barrameda rumbo al Nuevo Continente a la conquista y poblamiento de nuevas tierras conforme a la Capitulación expedida en Madrid, vale decir  las que van  desde el Marañón hasta Macarapana, al Oeste del Golfo de Cariaco, “por todos los días de vuestra vida con salario de setecientos veinticinco mil mares (maravedíes) en cada un año contados desde el día que vos hizieredes a la vela en estos nuestros reinos, para hacer la dicha población e conquista, los cuales vos an de ser pagados de las rentas e derechos a nos pertenecientes en la dicha tierra que assy abeys de poblar”.
Su primera escala para reforzar con más recursos la expedición, fue en las Islas Canarias de donde desplegaron velas el 13 de diciembre de 1530, día de Santa Cecilia, cuatro naves con 600 hombres y 36 caballos a su mando.  Zarparon con buen tiempo de Tenerife rumbo a tierras vagamente conocidas y, por lo tanto, inexploradas, que parecían jurisdiccionales del Río Marañón, pero fuera de las posesiones del Reino de Portugal.
            Luego de prolongados períodos de calma y tempestades que lo desviaron de la ruta y disgregaron las naves, avistaron tierra dos grados por encima del paralelo equinoccial, a los veintiséis días de navegación. Pero no hallaban lugar adecuado para fondear los barcos y centrar su comando de operaciones hasta que lo vieron en Paria ya a mediados del mes de marzo de 1531.

            Pero Paria, al igual que Cubagua, era jurisdicción discutible, pues allí Antonio Sedeño, Gobernador de Trinidad, tenía un Fuerte al mando de Juan González de Sosa; de todas maneras, Ordaz impuso su fuerza y utilizó al propio Juan González, al mando de un grupo de sus hombres, para hacer una exploración previa del estuario. González, no obstante, se aventuró hasta la propia desembocadura del Caravaca, como los indígenas se referían al Río Caroní. Allí él y su compañía escucharon por primera vez el nombre de Uayana. Uayana se llamaba aquellas tierras selvosas avasalladas por inmersos caudales de agua. 

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