sábado, 19 de marzo de 2016

Tercera jornada doradista de Berrío

19 de marzo de 1590.  El Capitán don Antonio de Berrío, luego de haber fracasado en dos tentativas anteriores, emprende desde Casanare su tercera jornada en busca de El Dorado.  En esta ocasión van con él su hijo Fernando, de trece años, 112 soldados de los cuales 70 bajo su mando directo y los restantes 42 a las órdenes del capitán portugués Álvaro Jorge.  Completan la numerosa expedición, indios y negros de servicio más 220 caballos de guerra y carga, todos embarcados en 20 canoas e igual número de balsas.  La navegación lenta y penosa sigue el curso del Meta hasta caer en el Orinoco y luego detenerse  más al oriente de Caicara en la desembocadura del Cuchivero.  Allí la hidrofobia prevalece sobre todos los males y acaba con animales, soldados.  Su expedición queda reducida a 50 hombres hambrientos  pues las provisiones habían llegado al límite del severo racionamiento.  Con ellos se lanza río abajo decidido a  concluir su aventura, animado por el oro “guaní” que cargaban los indios capturados en su camino y las orientaciones que le daban de la supuesta Manoa  fundada sobre volcanes de oro.
            La épica navegación  al fin encontró descanso  al penetrar por las bocas del Caroní y asentarse en las tierras del Cacique Morequito donde permaneció seis meses a la espera de auxilios pedidos a Gobernadores de las provincias cercanas que nunca llegaron,  por lo que decidió  reanudar la navegación hasta la Isla de Trinidad a donde arribó el primero de septiembre de 1591, para luego personalmente tratar de entrevistarse con el Gobernador de Margarita con cuyos auxilios que estaba obligado a prestar  pensaba tomar oficialmente la Provincia de Guayana y El Dorado y fundar su capital, bien en la propia Isla de Trinidad o en las propias tierras de Morequito, donde al final ocurrió ocho kilómetros más bajo de las Bocas del Caroní.



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