jueves, 25 de octubre de 2012

Muerte del Poeta Sánchez Negrón

18 de agosto de 1989. Falleció José Eugenio Sánchez Negrón, poeta que, vivió enfrentado a la vida y a la muerte. Sus obras Los Limos de la Tierra, Los Ruidos del Mando, Los Humos y las Voces y Sonetos Reiterativos, traducen ese conflicto existencial. “Resiste corazón. No te me quiebres / aguántate del alma como puedas / Si no caes, ni doblas. Si no ruedas /Yo aguanto sin doblar tus fiebres”.
            Pero el corazón no le obedeció. Se quebró como un cristal de Baccarat. No hubo quien le enhebrara el latido. Estaba solo, tirado en el lívido desmayo, sin el dicotómico señor de cabecera que pudiera atenderle a tiempo el desconcierto de aquella fibrilación ventricular.
            Había llegado allí por sus propios pasos un jueves 16 de San Esteban. Había venido acostumbrándose a la muerte a conocer sus hojas, su tronco, sus raíces, que aquel día no fue asaltado por el miedo. Estaba sereno, según lo sentí por el hilo telefónico. De haber presentido, habría ido un día antes a la montaña a sentarse en una cumbre para aguardar la luz del día y por la noche velar las estrellas y tocar con su piel la brisa húmeda del Norte. Pero pienso también, como lo pensó él, en el terror que habría amargado su sangre al ver la Luna descender en la madrugada.
            Porque el Poeta a esa altura de su vida (62 trancos en el tiempo), se había transformado en uno de esos seres rayanos en la hipocondría. Le tenía temor y terror a la muerte. Se moría de miedo de morirse y de allí que esa angustia, esa agonía, se asimilará en cada momento extásico de su poesía. Experimentaba temor por la muerte porque amaba desesperadamente la vida, pero nunca pudo amarla sino padecerla por el mismo temor a la muerte.
            “Sonetos Reiterativos”, su última obra publicada (1975), está dedicada a la vida y a la muerte, una muerte que pudiera ser de otra forma si no andara, como anda, extraviada entre la vida. Por eso sugiere un lazarillo, a la usanza del ciego.
Si la guiara un caballero andante
La muerte no andaría tan perdida
Entre sombras como anda entre la vida
Sin amigos, la muerte, tan distante.
             

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