martes, 2 de octubre de 2012

Muerte de J. T. B Siegert

13 de septiembre de 1870.  Falleció en Angostura Juan Benjamín Teófilo Siegert, médico alemán al servicio del Ejército Patriota e inventor del Amargo de Angostura,  preparado de abolenga raíz indígena, científicamente formulado, cuya fábrica terminó reubicada en Trinidad desde fines del siglo diecinueve por causa de los gravámenes que había decidido imponerle el gobierno del Presidente Antonio Guzmán Blanco.
            Si Siegert no hubiera muerto el 13 de septiembre de 1870, habría hecho cualquier cosa, menos llevarse de Angostura el amargo que le había dado fama tanto a él como a la capital de Guayana en el mundo entero.
            La aromática como aperitiva y febrífuga bebida tenía gran demanda tanto en Venezuela como en todo el concierto de las Antillas, Estados Unidos, Inglaterra e importantes ciudades del resto de Europa.
            Los angostureños y demás habitantes del Orinoco sentían entrañable respeto por el médico alemán hasta el punto de llamarlo “Padre”. Lo consideraban un patriarca. El propio Siegert lo confiesa en una carta que guardan celosamente sus descendiente directos María Siegert Grus e Hilda Siegert Mariani, casi toda una vida conectada con la C. A. Electricidad de Ciudad Bolívar.
            Siegert, quien además del alemán hablaba francés, castellano e inglés, se casó en Angostura, primero en 1827 con María del Pilar Araujo y luego en segunda nupcia con la diecisieteañera Bonifacia Gómez Saa, en 1830. Este año llegó a ser Director del Hospital, posición que ocupó durante largo tiempo. De los dos matrimonios nacieron Carolina de Las Nieves, María Carlota, Juan Benjamín, María del Carmen, María Bonifacia, Trinidad, Carlos Luis y Alfredo. Los tres últimos fueron quienes decidieron reubicar la fábrica del Amargo de Angostura en Trinidad.
            En 1833, Siegert fue admitido como miembro del Consejo de Médico Real de Halbertadt, al cual ya pertenecía su hermano Juan Teófilo, médico cirujano como él y con quien al parecer nunca pudo reconciliarse, aún después de 1832 cuando decidió reanudar las relaciones con su familia, de la que permanecía desconectado.
           

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