miércoles, 29 de agosto de 2012

Fusilamiento de Piar

           
16 de Octubre de 1817.  El General en Jefe Manuel Piar fue fusilado en la Plaza de Angostura luego que el Consejo de Guerra presidido por el Almirante Luis Brión lo sentenció a la pena máxima por el delito de lesa  patria, conspiración y deserción.
            Piar,  nacido en Curazao en abril de 1774, fue fusilado a la edad de 43 años.  Jalones importantes de su trayectoria militar a favor de la independencia son las batallas libradas en el Morro de Valencia, Pantanero, Güiria, Maturín, Los Magueyes, Los Corocillos, Cumanacoa, Barcelona, Carúpano, El Juncal, Paso del Caura, Puga y finalmente la Batalla de San Félix.
            Piar con la Guayana en sus manos y tan solo por vencer a las sitiadas Angostura y Guayana La Vieja, entregó a Bolívar  el mando de sus tropas para que continuase  la campaña, pero Bolívar lo relegó y la urdimbre de la intriga envolvió al vencedor de Chirica viéndose obligado a separarse del Ejército.  No obstante, ya separado, los rumores sobre la inconformidad de Piar y sus presuntos manejos conspirativos llegaron por vía de Bermúdez a los oídos del Libertador, quien envió a Cedeño por su captura en Aragua de Maturín.  Más tarde el General Carlos Soublette recibió orden de instruir el proceso “por los crímenes de insubordinados a la autoridad suprema, de conspirar contra el orden y tranquilidad pública, de sedicioso y últimamente de desertor”.  El 14 de octubre se iniciaron las diligencias y una vez dictado el auto de proceder, Bolívar nombró el Consejo de Guerra presidido por el Almirante Luis Brión..  Como fiscal actuó Soublette y Defensor el Teniente Coronel Fernando Galindo.  El 15 de octubre el Consejo lo condenó por unanimidad a ser pasado por las armas y Bolívar confirmó la sentencia  sin degradación.  Llevado al patíbulo, Piar oyó con desprecio la sentencia.  Por dos veces arrebató con violencia el pañuelo con el que quisieron taparle los ojos y finalmente cuando el pelotón recibió la orden de disparar se abrió la esclavina y gritó: ¡Viva la Patria! Como intentando ahogar con aquella exclamación el ruido implacable de la descarga.  El cadáver de Piar fue sepultado en el cementerio El Cardonal.  Jamás se supo de sus restos. En 1828, en Bucaramanga, Bolívar volvió a justificar el fusilamiento expresando: “La muerte de Piar fue una necesidad política.   Fue un golpe de estado que aterró a los rebeldes y aseguró mi autoridad.  Nunca ha habido una muerte más útil, más política”.

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