jueves, 19 de septiembre de 2013

Primer Obispo de Guayana

19 de septiembre de 1726.  Nació en el humilde pueblo Guacara de Carabobo, Monseñor Francisco de Ibarra y Herrera, hijo de Gabriel Remigio de Ibarra y Arias y de Brígida de Ibarra Herrera. Sus padres eran blancos peninsulares y de buena posición por lo que a Francisco no le faltó una buena educación orientada en su vocación sacerdotal
Ser sacerdote era su destino y por eso sin contratiempo sus padres lo inscribieron en el Seminario de Caracas y luego en la Real y Pontificia Universidad, donde se graduó de Doctor en Cánones a la edad de 24 años y pasó a ser catedrático a la vez que teniente de Vicario capitular Carlos de Herrera, en ejercicio del gobierno eclesiástico por la muerte del obispo Manuel Machado y Luna.
En 1754, fue ascendido a Rector de la Universidad  y en 1765 obtuvo en el Cabildo Eclesiástico de la catedral de Caracas la canonjía doctoral y más tarde las dignidades de Maestrescuela y Chantre, títulos más que suficientes para ser distinguido como lo fue. Primer Obispo de Guayana.
Elevado a la dignidad episcopal en 1791 por el Papa Pío VI, Monseñor Francisco Ibarra recibió la consagración el 27 de  Mayo de 1792 de manos del obispo de Puerto Rico, Francisco Lacuenta.
Tan pronto fue consagrado partió hacia Angostura  a tomar posesión asistido por su Vicario Dr. Miguel de Herrera. Desde  la creación de la Diócesis se había encargado de la misma el Presbítero José Ventura Cabello, quien pasará a formar parte como canónigo del Cabildo Eclesiástico. Inmediatamente se dispuso a organizar la Diócesis y emprender una visita pastoral por todos los pueblos y la cual, por motivos de salud, se vio obligado a delegar en el Padre Pedro Level.
Preocupación de Monseñor Ibarra al tomar posesión fue el estado en que se hallaba la única Iglesia, elevada a Catedral en 1790. Sin poder concluirla, Monseñor Ibarra llega en 1798 al final de su gestión episcopal, pero logró echar las bases del seminario de Guayana formando sacerdotes nativos de la propia diócesis. Sin embargo, el clima no favorecía su salud y por esa circunstancia debió renunciar en cuatro ocasiones hasta que las autoridades civiles y eclesiásticas de Caracas lo pidieron como obispo, lo cual les fue concedido por el Papa Pío VI conforme a Bula del 14 de diciembre de 1798.


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