jueves, 5 de septiembre de 2013

Natalicio de Ramón Isidro Montes

5 de septiembre de 1826. Nació en Angostura, el poeta, educador, político y fundador de lo estudios universitarios en Guayana,  Ramón Isidro Montes.  Vivió 63 años y falleció el 10 de junio de 1889.  Perteneció integralmente al siglo diecinueve, el siglo de los avatares republicanos y de los hombres de la nacionalidad.
Su abuelo, Juan Montes, fue uno de esos hombres.  Coetáneo y paisano del Libertador, lo acompañó fielmente en todas sus empresas emancipadoras, desde 1810 cuando Caracas despertó de su letargo colonialista hasta que tomada Angostura por los patriotas se radicó en ella hasta  ser sepultado en 1870 con el grado de General de División. En tierra orinoquense nacieron todos sus hijos, entre ellos, Juan Montes Salas, fundador en 1830 de la Botica Bolivariana.  Casado  con María de las Nieves Cornieles, hija de José Luis Cornieles  y María Josefa Vélez,  propietarios de la casa de San Isidro donde vivió el Libertador y del inmueble de la calle La Muralla en la que  fue editado el Correo del Orinoco.
            Juan Montes Salas se casó dos veces y tuvo 19 hijos.  Diez en su primer matrimonio con María de las Nieves Cornieles y nueve en el segundo, tras enviudar y casarse con Isabel Dávila.  Tres de sus hijos siguieron la carrera universitaria: Andrés Jesús y Juan, quienes   se doctoraron en Farmacia siguiendo la orientación vocacional de su padre, y Ramón Isidro graduado, primero de Teniente de Ingenieros en la Academia de Matemáticas fundada por Juan Manuel Cajigal y  Licenciado en Ciencias Políticas un año después, 1848, en la Universidad Central de Venezuela.
 Ramón Isidro Montes destacó como estudiante, tanto en el Colegio Nacional de Guayana donde ingresó en 1840 entre los primeros matriculados bajo la rectoría de Andrés Eusebio Level, como en Caracas donde realizó estudios de educación superior.  En 1846, antes de graduarse, ya ejercía funciones docentes en la especialidad de matemática y latinidad, y escribía en los medios impresos de la capital.  Ese mismo año, junto con otros hombres de letras participó en el homenaje tributado a Andrés Bello en el aniversario de su natalicio.  Su vocación de humanista era evidente y quedó demostrado cuando abandonó las ciencias áridas para seguir la carrera de ciencias políticas.
  Con el diploma de licenciado en sus manos dejó en 1849  el frío valle del Ávila, lar de su gran ascendiente, y se regresó a Ciudad Bolívar para ocupar la máxima autoridad del  Colegio donde había aprendido gramática y latinidad.  

Angostura pide mayor presencia militar
6 de septiembre de 1819, el Congreso de ngostura expresa su preocupación por la falta de un Ejército poderoso en el Oriente del país, según se desprende del Acta 157 sancionada en la sesión de ese día y que a la letra se expresa así.  En la capital de Guayana, a siete de septiembre de mil ochocientos diez; nueve. Reunidos en la sala de sesiones el señor presidente Roscio y demás se. ñores diputados Urbaneja, Martínez, España, Peraza, Uribe, Cádz Briceriño Guevara, generales Montilla y Guevara, Afanador, Machado, Cardoso, Alcalá, Conde, Alzuru y Vallenilla, se leyó la acta antecedente, y seguidamente, la representación   del honorable señor diputado José Jesús Guevara, en que ex­poniendo la crítica situación en que se halla la isla de Margarita con motivo de las desavenencias sobrevenidas por haberse negado a la saca de quinientos hombres que el Gobernador dispuso para obrar en el continente, e  indicando los males que pueden causar las muchas tropas extranjeras llegadas allí, pide se provea de remedio.
Concluida dicha lectura, el señor Alzuru tomó la palabra y dijo que cada día se apuraba más el peligro del Estado; que no sellaría sus labios mientras lo observase, ni dejaría de exponerlo, exigiendo con encarecimiento el remedio del Soberano Congreso; que las noticias que se corrían de nuestros Ejército eran haberse disminuido mucho su fuerza por la deserción y por otras causales que como notorias omitía expresarlas; que notaba que tomarse  su logro; pero que desgraciadamente a todo se presentaba inconvenientes no siendo efecto sino la falta de un hombre de recursos en los casos más apurados que tuviese a la cabeza del Gobierno que la Margarita merecía en las actuales circunstancias la mayor atención , y que era de absoluta necesidad la reorganización del Ejército,  que cubría como antes la parte oriental de la provincia  de Caracas y tenía en respeto esta de Guayana.

José Laurencio Silva
 El 7 de septiembre de 1792 nació en el Tinaco, Estado Cojedes, José Laurencio Silva, héroe de la independencia americana y quien gobernó accidentalmente la Provincia de Guayana en 1828.
            Fue uno de los soldados más longevos de la República.  Su aporte a favor de la libertad comienza desde los propios albores de la lucha emancipadora, cuando apenas tenía dieciocho años.  Pertenecía a la caballería del ejército republicano y luchó al lado de Páez, en los cruentos episodios de los llanos venezolanos.  Páez, quien siempre exaltó su temple, decisión y valor, habrá de amargarse después, cuando el General José Laurencio Silva permanece fiel al Libertador y se opone a la separación de Venezuela de la Gran Colombia.  Entonces lo expulsará a las Antillas, pero Silva volverá para ponerse al lado de Monagas y vengarse del caudillo en el sitio de Macapo.
Durante la guerra  de independencia el general José Laurencio Silva tuvo participación activa y destacada en las batallas de Bárbula, Mosquitero, La Victoria, San Mateo, Carabobo, Bomboná, Junín y Ayacucho, donde fue herido y ascendido por Sucre, a General de Brigada.  Fueron de tal modo las heridas recibidas en el fragor del combate que Sucre habría de exclamar:  “Envidio las gloriosas herida de Silva”.  El tinaquense con sus jinetes fue siempre de los primeros en las Batallas.  En Carabobo, poco antes de empezar la contienda aterró con su acometida a los realistas que cubrían y vigilaban el desfiladero de Buena Vista.  Su manera de pelear era enfilando a toda velocidad la caballería sobre las baterías enemigas.  Al llegar a ellas, se desmontaba, mataba a los artilleros y se adueñaba de los cañones.


Acta 159 del Congreso de Angostura
8 de septiembre de 1819.- En la capital de Guayana, a ocho de septiembre de mil ochocientos diez y nueve. Reunidos en la sala de sesiones el señor presidente Roscio y demás señores diputados Urbaneja, Martínez, España, Peraza, Uribe, Cádiz, Briceño, Guevara, generales Guevara y Montilla, Afanador, Machado, Cardoso, Alcalá, Conde, Alzuru y Vallenilla, se empezó la sesión abriéndose un pliego rotulado por un ciudadano de Venezuela a la soberanía, el cual contenía una representación firmada por el coronel José Manuel Torres, proponiendo va­rias medidas para la salvación de la patria.
Continuó la discusión pendiente en la sesión de ayer, y entrando en ella
fue interrumpida por la entrada del señor Vicepresidente del Estado, quien captando la venia acostumbrada, leyó una representación por la que renun­ciaba su encargo.
Volvió a seguirse la discusión pendiente, y el señor Cádiz hizo las pro­posiciones siguientes: Primera: Que se destine a la Margarita al general Juan Bautista Arismendi, con facultades del Soberano Congreso, que le transmiti­rá el señor Vicepresidente de la República para que a nombre del Gobierno de Venezuela y obligando sus propiedades nacionales, contrate víveres y demás necesario para las subsistencias de las tropas inglesas hasta que sean destina­das. Segunda: que habiendo el reparo de la causa pendiente de dicho General, estando cerciorado el Soberano Congreso de los vicios esenciales del proceso, resuelva su casación, mande archivarlo, y que así con respecto a dicho General como a cuanto pueda comprender ese negocio haya un olvido absoluto y como si no hubiese existido. Tercera: que en cuanto al Ejército de Oriente se indique al Supremo Poder Ejecutivo la necesidad de organizarlo, y proveerlo con la mayor actividad. Cuarta: que advertida la necesidad de las carnes para subsistir los Ejércitos, se prohíba absolutamente la salida de ganados por dos meses. Quinta: que el Supremo Poder Ejecutivo por su Ministro informe al Soberano Congreso cada quince días del estado de defensa en que se halla el país; reducidos a escrito los informes y de ningún modo de palabra, para que la responsabilidad recaiga en quien debe, y que no sea equívoca.







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