sábado, 21 de septiembre de 2013

La Madre del Pintor Jesús Soto

Américo Fernández imponiendo a Enma Soto, la medalla "Correo del Orinoco"  a nombre del gremio de periodistas.

21 de septiembre de 1975. Emma Soto, madre de Jesús Soto, pionero del arte óptico universal desde la tendencia del cinetismo, falleció el 21 de septiembre de 1975, a la edad de 73 años. La extinta señora, vecina de la población de Soledad (Anzoátegui) se residenció en el barrio Santa Ana de Ciudad Bolívar, donde nació Jesús Soto,  el 5 de junio de 1923.
Doña Enma junto con su madre Paula Soto, decidió un día abandonar el campo de los llanos de Soledad  para buscar otro medio de vida en Santa Ana, uno de los barrios más populosos y animados de Ciudad Bolívar por ser puerto fluvial, atracadero de falcas y chalanas.
Allí alquilaron y terminaron comprando una casa humilde cuyo patio rozaba la ribera del río.  Fue su remanso, agobiados, como decía el poeta José Balza, de tanto llano, morichales pantanosos, esteros y arroyos.
            Paula Soto era su gran abuela y según cuenta el poeta José Balza en su libro “Jesús Soto, el niño”, desafiaba al Tigre, se metía por Morichal Largo, cruzaba el Caris, vadeaba la Peña. Procuraba la pesca, bailaba joropo y hacía y deshacía su vida para recomenzar cada año nuevo.
            Paula era ágil y sonora. Podía leer las estrellas, descifrar con astucia los secretos del amor e intuir conjuros y acechos.
            En la barriada pintoresca de Santa Ana, entre el río y el cerro angostureño, se instaló la familia. Pero Emma, la muchacha airosa, liviana como liana, hija de la gran abuela y con olor a jazmín, se prendó como clavel en el ojal de Luis García Parra. 
            Las agudas notas del violín la sustrajeron de su ambiente santanero y aunque después volvió, su regreso no fue de soledad pues estaba en cierne un niño que sabría dialogar con el sonido, la intermitencia del moriche y el rielar luminoso del río.


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