sábado, 13 de julio de 2013

El Ferrocarril del Orinoco



13 de Julio de 1927. El Gobierno Nacional dio a conocer las bases  del Contrato suscrito por el Ejecutivo Federal y el ciudadano Edgar A. Whallis  para la construcción de un Ferrocarril en el Estado Bolívar, toda vez que el suscrito en 1920 no prosperó.
            El general Marcelino Torres García, uno de los pocos Gobernadores de la época nativo de Ciudad Bolívar, alentaba la vieja aspiración de los bolivarenses de un ferrocarril que uniera a la ciudad capital con el interior del Estado.
            En tal sentido estimuló un proyecto de manufactura inglesa, junio de 1920, que estuvo a punto de materializarse luego de haber sido introducido en el Congreso un contrato celebrado entre los Ministerios de Relaciones Interiores, Hacienda y Obras Públicas y el ciudadano Jhon A. Browman para la construcción y explotación de un ferrocarril que partiendo de San Félix pasaría por Upata, Guasipati, El Callao y Tumeremo.
            Este corrió con mala suerte y en  1927 se estudió otra alternativa mediante la firma de un convenio entre el Ejecutivo Federal y el señor Edgar A. Wallis para la construcción de un Ferrocarril entre el Estado Bolívar y Delta Amacuro.
            Wallis, súbdito inglés, en representación de la Venezuela Mining Syndicate Ltd recibió la concesión para construirlo y explotarlo durante 99 años.  Sería tendido desde un punto cualquiera de la margen derecha del Orinoco, aguas abajo del Puerto de San Félix, hasta la región minera de El Callao, con derecho a prolongarlo hasta El Dorado, sobre el Cuyuní.  El punto de partida en el Orinoco se elegiría si fuese posible en un lugar accesible en toda época del año a buques trasatlánticos para carga y pasajeros.
            La edición 8 de la revista “Venezuela of today”, publicada en New York dio cuenta de ese proyecto e informó en febrero de 1919 que los estudios ya concluidos marcaban la línea férrea desde el puerto de Sacupana a la margen de Río Grande, cruzando luego la Sierra Imataca y pasando por El Palmar, El Miamo y El Callao, para terminar en el río Cuyuní, pero igualmente fue un proyecto más, sin resultados efectivos como el de 1873 del general Francisco Monserratte, cuya concesión obtuvo de la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Guayana. 

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