sábado, 29 de septiembre de 2012

Las minas auríferas de Caratal

16 de septiembre de 1857.  Francisco Michelena y Rojas, comisionado por el Gobierno Nacional para hacer una exploración oficial del Orinoco, Casiquiare, Río Negro y Amazonas, se hallaba en Ciudad Bolívar en 1857 y recibió instrucciones de levantar un Informe sobre los supuestos ricos yacimientos auríferos de Caratal.
            A bordo de un bongo y a favor de la corriente salió de la ciudad el 16 de septiembre de 1857 con destino a Puerto de Tablas para desde allí proseguir por tierra y sobre lomo de mula hasta Caratal. El trayecto navegante lo cubrió en 15 horas. Puerto de Tablas, en la embocadura del Caroní, frente a la isla Fajardo, era punto alterno obligado para quienes viajan al interior. Por este atracadero se embarcaba el ganado, los frutos y se practicaba el contrabando. Había una buena posada y San Félix un poco distante del puerto era prácticamente un pueblo en ruinas a decir de Michelena y Rojas. Aquí se tomaban en alquiler las mulas al precio de 8 pesos cada una y al paso de dos días hasta el Cantón de Upata y de aquí al precio de dos pesos más y a paso de tres días hasta Tupuquén.
            Caratal era para el año 1857 unos cuantos ranchos entre los árboles. El oro se explotaba en barrancos en el propio lugar y se lavaba en la quebrada descendente del Salto Macupia. La forma de explotar el oro era bastante rudimentaria. La batea era el instrumento principal y la greda se desmenuzaba con las manos. Era realmente un trabajo heroico y sacrificado. Sin duda que había mucho oro en el lugar y las evidencias muy tangibles.
            Y así como había oro escondido en las entrañas de la tierra, casi inalcanzable con esa técnica tan primitiva de los años 1850, había en Tupuquén bosques de plantas preciosas y de gran utilidad en farmacia como la quina, la vainilla, la carapa, la copaiba, el copey, la hipecacuana, el cáustico bolombago que suple a la cantárida y la cruceta real.
            La población de Caratal crecía a medida que se difundía la noticia de la riqueza. Había venezolanos de varias provincias mezclados con antillanos. Para ese momento se contaban 32 negros trinitarios, 3 ingleses, 3 franceses de las Antillas y 6 de Demerara

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