lunes, 22 de febrero de 2016

Muerte del botánico Pedro Loefling



22 de Febrero de 1756. El más productivo discípulo de Linneo, autor del sistema de clasificación de las plantas, falleció en las Misiones del Caroni, en el curso de una labor científica que lo distingue como representante del desarrollo moderno dentro de las investigaciones de las ciencias naturales.
            Pedro Loefling, primer expedicionario científico enterrado en América, exactamente en Guayana, era oriundo de la tierra de la Escandinavia. Allí en la orilla del Caroni, donde quedó para siempre fulminado por la fiebre, la CVG levantó un Parque con su nombre y, más tarde, Suecia, agradecida, envió a los niños de Ciudad Guayana un Troll de madera tallado por el escultor Karsten Brunlans, ubicado cerca del árbol de acero de Alejandro Otero en el Parque de la Navidad.
            Pedro Loefling llegó a los Castillo, el 29 de abril  de 1755 en el curso de la Expedición de Límites al mando de José de Iturriaga. Loefling venía asistido de los médicos catalanes Benito Paltor, Antonio Condal y los dibujantes Bruno Salvador Carmona y  Juan de Dios Castel.
            El botánico sueco trajo consigo, además de imprescindibles textos de botánica, un microscopio (el primero introducido en Venezuela), un termómetro, una balanza hidrostática y otros instrumentos facilitados por la Academia de Ciencias de su país.
            En los Castillos se estableció  cuando comenzaba a desatarse la estación lluviosa, lo que no frenó su actividad.  Procuraba aumentar su colección botánica de 600 muestras empezada en territorio de Nueva Andalucía, sin descuidar la zoológica que le permitió conocer una Danta y sorprendentemente, una culebra de dos cabezas. (amphisbaena) que Gumilla había descrito antes como del grueso del dedo pulgar y tarda en sus movimientos, los cuales podía realizar según el sentido que le diera cualquiera de las dos cabezas.
            De Loefling se apoderó entonces una actividad desenfrenada. Apenas un poco tranquilo por las noches, si no lo molestaban las plagas. Se levantaba muy temprano y lo sorprendía la noche a veces solo caminando la sabana o saliendo  de la montaña. Repetidamente visitaba las misiones religiosas cercanas llegando hasta la de Capapuy. Exploró el curso del Caroni, se detuvo en  Murucuri, Aguacagua y Altagracia, donde hizo estancia en procura de la quina.


            En Guayana terminó la existencia de Pedro Loefling, pero comenzó la gloria presentida en el párrafo de una carta a su maestro: “Ya he formado la resolución con el favor de Dios de ir a donde me envíen, pues prefiero la gloria del viaje en países distantes a la sujeción de permanecer en un paraje”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada