domingo, 12 de enero de 2014

Gobernador Palomeque de Acuña


12 de Enero 1618. El viernes 12 de enero de 1618, tras rudo combate por la posesión y defensa de Santo Tomás de la Guayana, cayó mortalmente herido el Gobernador de la provincia, Diego Palomeque de Acuña, pero también del bando contrario, Jorge, hijo de Walter Raleigh, quien en esta su segunda expedición se había quedado enfermo en la isla de Trinidad y adelantado a su lugar teniente Lowrence Keymes.
Cinco navíos y 600 marinos ingleses asediaron y atacaron a Santo Tomás, capital de la provincia de Guayana hasta rendirla
            Los dispersados sobrevivientes se retiraron al Sur de la Laguna La Ceiba y despacharon un emisario al Nuevo Reino y a Santo Domingo en busca de ayuda. El hijo de Raleigh y los oficiales fueron enterrados en la Iglesia del Convento y Palomeque de Acuña en lugar separado. EL saqueo de la Iglesia  fue total.  Los expedicionarios permanecieron 16 días en el lugar explorando los alrededores y se llevaron hasta las campanas de la Iglesia y los sirvientes del gobernador, entre ellos, uno llamado Cristóbal Uayacundo, quien en Londres presenció la decapitación de Sir Walter Raleigh, como corolario de su desobediencia y fracaso.  
            Diego Palomeque de Acuña había sido designado Gobernador de la Provincia de Guayana para un período de 4 años. Tomó posesión el8 de noviembre de 1615, luego de navegar los ríos Meta y Orinoco. Ya Sánchez de Alquiza hacía dos años que se había ido y dejado como encargado del Gobierno a Antonio de Mújica y Builtron.
            Santo Tomás de la Guayana era entonces el Convento de San Francisco, en la cumbre de un cerro, con perfecto dominio del Orinoco y abajo un grupo de viviendas esparcidas donde moraba un poco más de cien personas, entre ellas, el primer alcalde Juan de Lezama: el segundo alcalde, García de Aguilar: el Cura y vicario. Fray Francisco de Leuro y el Guardián del Convento, Fray Juan de Moya.


            La mitad de la población estaba capacitada para manejar las armas. Eran soldados y aparte de los arcabuces y mosquetes individuales, la defensa de la ciudad se reducía a dos piezas de artillería emplazadas en el Convento, dos pedreros junto a la Iglesia y dos más en el Cuartel. Casa del Gobernador más seis cañones livianos.

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