martes, 8 de marzo de 2016

Día Internacional de la Mujer

El Día de la Mujer nació en Copenhague


El 8 de marzo de 1944 comenzó a celebrarse en Venezuela el Día Internacional de la Mujer que se había instaurado años atrás en Copenhague durante la celebración de un Congreso de Mujeres en el que se acordó realizar reuniones anuales para evaluar los avances en la lucha por la reivindicación de sus derechos.

Pero el hecho de que la celebración  haya comenzado en esa fecha no significa que la mujer venezolana no se hubiese preocupado antes por sus derechos, particularmente la del Estado Bolívar como la escritora y diplomática Lucila Palacios y Malvina Rosales, primera mujer que entró a competir con el hombre en el mercado de trabajo.
 Ya en 1936 se siente la presencia de la mujer venezolana en la calle sacudiéndose la opresión y vestigios del  gomecismo aunque todavía atada a la omnipotencia patriarcal que siempre ha pretendido hacer de la casa un feudo del macho.
Su participación en las luchas de masas y en los partidos políticos, ha venido desde entonces capitalizando para ella derechos políticos, sociales y económicos muy importantes. En 1942 logra a través de una reforma  del Código Civil que en caso de separación, los hijos menores de tres años queden con la madre, así como la igualdad de derechos de los hijos de la mujer y el reconocimiento a la comunidad concubinaria. En 1944 en el Código de Comercio se permite a la mujer comerciar sin permiso expreso del esposo. Ese año 14 mil mujeres firman un documento pidiendo el derecho al voto. Se logra entonces obtener el sufragio, condicionado a tener 21 años de edad y saber leer y escribir aunque solo para elecciones municipales. En 1946, 12 mujeres van a la Asamblea Constituyente y al año siguiente obtienen el voto pleno. La Constitución promulgada en 1961 establece la protección a la maternidad, el principio de que a igual trabajo igual salario y señala que la venezolana conserva su nacionalidad aun contrayendo matrimonio con un extranjero. A través de otras leyes la mujer venezolana ha venido obteniendo nuevos derechos  para no sentirse en baja frente al hombre.

lunes, 7 de marzo de 2016

El Filántropo de Ciudad Bolívar




7 de marzo de 1842.  Primera edición de “El Filántropo”, órgano periodístico del movimiento político liberal acaudillado  en Guayana por Juan Bautista Dalla-Costa, un veronés radicado en angostura desde los tiempos de la colonia, pero que después se hizo tertuliano del Libertador sumado a la causa patriótica de la Independencia.
            Aunque su gran radio de influencia era Angostura y el resto de la provincia, El Filántropo se editaba en el pueblo de Soledad, al otro lado del Orinoco, en la  segunda  imprenta llegada a la ciudad capital después de la Washington Press donde se imprimió el “Correo del Orinoco”.
            Era un semanario eminentemente político al servicio de los liberales agrupados en la denominada “Sociedad Filantrópica” radicalmente opuesta al gobierno del general y prócer de la independencia, Tomás de Heres. Lo editaba el tipógrafo veneciano Pedro José Cristiano Vicentini y en él escribían los fogosos intelectuales del liberalismo criollo partidarios de la federación y contrarios al régimen unitario y centralista.
            Estuvo “El Filántropo” circulando durante poco más de un año y en ese lapso aparecieron veintinueve números cuyas páginas son un claro testimonio de lo que fueron los primeros partidos de Guayana: los Filántropos o Liberales y “Los Antropófagos” o Conservadores.
            El que se imprimiese este semanario político en el ribereño y vecino pueblo de Soledad, ocurrió por temor a las represalias del Gobierno. De allí que a propósito, haya señalado en su editorial que “... se determinó pasar la imprenta a Soledad, porque una prensa en Angostura  hubiera sido lo mismo que encender el hachón en la caverna del Guácharo”.Lo cierto es que El Filántropo fue constante y severo a sus ataques y alimentó un odio visceral que tuvo su máxima expresión en el atentado que costó la vida al prócer de la Independencia. El polémico periodista Juan Vicente Gonzáles calificó entonces al famoso semanario de Angostura como “monumento histórico de audacia y perversidad”.

domingo, 6 de marzo de 2016

El Obispo de Guayana Manuel Felipe Rodríguez



Manuel Felipe Rodríguez Delgado
6 de marzo de 1885.   Postulado por el Congreso Nacional en su sesión del 6 de marzo de 1885, el Pbro. Manuel Felipe Rodríguez Delgado fue preconizado  por su Santidad León XIII Obispo de la Diócesis de Guayana y consagrado el 13 de diciembre del mismo año por el Arzobispo de Caracas  Dr. Críspulo Uzcátegui.
Monseñor Dr. Manuel Felipe Rodríguez Delgado, nacido en Chacao, 1850, egresó del Seminario Tridentino de Caracas y recibió las órdenes sacerdotales en Trinidad conferidas por Monseñor Guevara y Lira, cuando este se hallaba extrañado del país en tiempos de Guzmán Blanco. En Trinidad fundó la Iglesia de los Cedros y ya reanudada las relaciones entre la Iglesia y el Vaticano retornó a Caracas al comenzar el Arzobispado del Dr. Ponte. Fue Director de la Escuela Episcopal, Párroco de Candelaria y Magistral.
            Tomó posesión  de la Diócesis de Guayana el 28 de enero de 1886. Previamente se hallaba su Provisor y Vicario General Dr. Juan Francisco Avis. Su Gobierno fue muy corto apenas dos años, pues murió en diciembre de 1887, en Marsella, Francia, cuando cumplía con una secular tradición de peregrinación a orar sobre la tumba de los Apóstoles en Roma. Su obra mayor fue la Escuela Episcopal al frente de la cual puso al Pbro. Avis, posteriormente electo Vicario Capitular para llenar la vacante dejada por su muerte. Al año siguiente también se registró la muerte del Deán de la Catedral, José Leandro Aristiguieta, pariente cercano del Libertador, quien llegó a ser Deán de la Catedral y Vicario Capitular de la Diócesis de Guayana, cargo vacante por el ascenso de Guevara y Lira al arzobispado de Caracas.
        Vale decir, que durante el provisorato de Aristeguieta se terminó de construir la Torre de la  Catedral e igualmente se levantó el Templo de Santa Ana en la entonces llamada calle Amazonas hoy Guzmán Blanco, sobre una casa donada para tal fin por la señora Ana María Méndez de Pulido, según documento público  del 31 de enero de 1856. Vino a ser la segunda iglesia de la ciudad y fue bendecida por el Obispo doctor José Manuel Arroyo y Niño en 1857.

sábado, 5 de marzo de 2016

Autogeneración electrica en el Teatro Bolívar



5 de marzo de 1909. El empresario Ramón Enseñat, instaló en el Teatro Bolívar una planta eléctrica para la temporada dramática que se iniciaba ese mes.  En la ocasión actuó el Conde Alfonso Fatrizio di Castiglioni.
            Para los  bolivarenses acostumbrados a los faroles públicos y a las lámparas caseras de carburo, aceite o kerosene, resultaba toda una novedad milagrosa el advenimiento del alumbrado eléctrico, aunque  de manera muy  puntual en el templo de Talía.  El citadino sabía de la luz eléctrica en otras ciudades y la conoció por primera vez en mayo de 1905 cuando Cipriano Castro trajo una para alumbrar por tres días el inmueble de la Aduana donde se hospedó durante su gira presidencial.
            Tanto fue la novedad y el entusiasmo local que inmediatamente asomó la idea empresarial de instalar una turbina semejante a la del Encanto en el río Guaire de Caracas para que los bolivarenses conocieran y disfrutaran de los beneficios de las modernas tecnologías en este campo de la energía generada por artificios electromecánicos.
            El 9 de junio de 1904 los señores Bartolomé Tomassi, Wenceslao Monserrate Hermoso, Antonio García Romero y Harold Jennis, excursionaron hacia las afueras de la ciudad el fin de estimar el potencial hidroeléctrico de la cascada del río Marcela.  Pero parecía muy cuesta arriba montarse en ese proyecto.  Preferible sería comprar una planta de vapor en Nueva York que al fin fue lo que ocurrió años después.
            Mientras tanto había que esperar y conformarse con el alumbrado eléctrico temporal del Teatro Bolívar que, según el comentario callejero y de la prensa, “los bombillos son de bastante fuerza para la completa claridad del local, prestando una luz que por su buena distribución no daña la vista, a causa de esa intermitencia que aun no ha logrado la ciencia impedir por completo”.

viernes, 4 de marzo de 2016

Creación del Vicariato del Caroní


Pío XI

4 de marzo de 1922. El Papa Pío XI creó el Vicariato Apostólico de Caroní con la finalidad prioritaria de evangelizar a los indígenas.  La propuesta había sido formulada desde 1918, al  Gobierno de Juan Vicente Gómez, por los Capuchinos que entonces recorrieron las antiguas instalaciones de las Misiones en Guayana y el Delta del Orinoco para a partir de sus observaciones materializar un convenio, el cual y previa autorización del Congreso Nacional, fue suscrito el 21 de febrero de 1922, entre Fray Félix de Vegamián, Superior de la orden de capuchinos en Venezuela y el Ministerio de Relaciones Interiores.  La firma de este convenio dio lugar a la erección canónica del Vicariato Apostólico.
En Guayana se le asignó a los capuchinos un territorio que iba desde la Gran Sabana hasta el Delta pasando por las parroquias de Upata, El Palmar, Guasipati, Tumeremo, El Callao y San Félix, pero el 30 de julio de 1954 fue creado el Vicariato Apostólico de Tucupita, por lo que las Misiones del Caroní, quedaron reducida a 88.000 kilómetros cuadrados  de la hoya  hidrográfica Caroní-Paragua, con una  población de 20 mil habitantes aproximadamente, distribuida en grupos de la familia pemón (arekuna, kamaracoto, taurepan) y caribes, todos emparentados.
La primera sede de las Misiones del Caroní, una vez restaurada, fue Upata (1922), pero posteriormente (1954) se reubicó en Santa Elena de Uairén que había sido fundada el 28 de abril de 1931, con la llegada de los misioneros Nicolás de Cármenes, Maximino de Castrillo y Gabimo de San Román.  Inmediatamente después los capuchinos fundaron la Misión de Luepa (1933), trasladada en agosto de 1942 a Kavanayén (lugar de gallitos de sierra), por el P. Benigno de Frenellino. El 14 de julio de 1954, muy cerca de las estribaciones del Auyantepuy, Fray Saturnino de Villaiviera, junto con un grupo de capuchinos proveniente de la provincia de León, España, fundó a Nuestra Señora de Kamarata; luego, buscando hacia el corazón de la Gran Sabana, a orillas del río Karuai, noviembre de 1957, el P. Fernando Zapata, formado y ordenado en el Seminario de la Misión y un grupo de internos, fundó Santa María de Wonkén. En 1959, los grupos de internos, fundaron Santa María de Wonkén.  En 1959, los misioneros se extendieron hasta La Paragua y establecieron allí al P. Servando González, para cubrir la zona comprendida desde Antiguo San Serafín de los Reyes hasta el castillo de San Vicente de Girito y frontera del Brasil.  Misioneras del divino Maestro, dominicas y franciscanas han sido incorporadas a las actividades misioneras desde 1936.

jueves, 3 de marzo de 2016

Expulsados invasores del Cuyuní.



2 de marzo de 1894.  El General Domingo Sifontes asumió la Comisaría del Cuyní, recién creada por decreto del Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Joaquín Crespo, para resguardar y defender los soberanos intereses territoriales de Guayana y Venezuela amenazados por las persistentes incursiones y ocupaciones del reinado británico.
             Situó la sede de la Comisaría en la confluencia del Cuyuní con el Yuruán, frente a la Casa-Fuerte de los ingleses, situada donde se instaló en 1944 la Colonia Penal de El Dorado. Allí, luego de necesarias exploraciones y de haber ocupado las sub-comisarías de Acarabisi, Yuruán y Chicanán, que funcionaban en ranchos y tiendas de campaña así como ejecutados otros trabajos que le fueron encomendados en función de la comunicación y la vigilancia, levantó las primeras casas dando lugar al pueblo que él mismo bautizó con el nombre de El Dorado.
Exactamente a los diez meses  -- 2 de enero de 1895—ocurrió lo que el General Sifontes tenía previsto ocurriría tan pronto quienes estaban del otro lado intentaran ocupar la margen derecha del Cuyuní.
Douglas D. Barnes, Inspector de Policía del Distrito de la Guayana Británica, junto con otros oficiales y agentes de tropa fue reducido a prisión sin dispararse un tiro, por los hombres del Capitán Andrés Avelino Domínguez, lugarteniente del Comisario de Fronteras, quien se hallaba enfermo en Tumeremo. Conducidos presos a Ciudad Bolívar por el coronel Luis Manuel Betancourt, fueron puestos en libertad por el entonces Presidente del Estado, General Manuel González Gil, al disponerlo así el Presidente de la República Joaquín Crespo.
            Mientras tanto, refuerzos provenientes de Demerara, al mando de Michael Mac Turk, trataron de ocupar nuevamente el lugar, pero fueron, esta vez si a tiro limpio, expulsados definitivamente y con refuerzos de voluntarios provenientes de Tumeremo, para dejar limpia la zona que permitió al incipiente pueblo de El Dorado crecer, abrir vertientes y caminos hacia el dominio de unas fronteras legítimas e históricas que si bien fueron defendidas valientemente, más por  espontaneidad de los yuruarenses que por voluntad obligatoria del Gobierno Federal, quedaron truncas en unos 250 mil kilómetros cuadrados, merced al funesto Laudo Arbitral de 1899, dado en París.

La Ley de secuestros y confiscaciones




3 de marzo de 1819. Se plantea en el seno del Congreso de Angostura el tema de los secuestros  de las propiedades de los enemigos de la República una vez que abandonan los territorios tomados por las fuerzas patriotas y acuerda legalizar la situación de facto mediante una Ley Sobre secuestros y confiscaciones sancionada el 6 de junio de ese año 1819 y la cual se contrae al siguiente articulado:
“Art. 1°-Libertada cualquiera Plaza, Ciudad ó lugar por las Armas de las República, deberán ser secuestradas y confiscadas todas las propiedades que se encuentren en el territorio libertado, correspondientes al Gobierno Español:
2°-En la misma confiscación caerán todos los bienes muebles de cualesquiera especie, y los créditos, acciones, y derechos que pertenezcan a los españoles que emigren del país siendo amenazado, ó atacado por la tropa de la República:
3°-Se exceptüan de esta pena los americanos que en el espacio de tres meses se hubieren restituido al mismo país donde emigraron, ó á otro que se encuentre libre en el territorio de la República, con calidad de que hayan de permanecer en él:
4°-También se exceptüan los bienes de todo individuo bien sea americano, bien español, que al acto de entrar las tropas de la República en un país libertado se presenten a sus gefes y abrazen el sistema de la independencia:
5°-Quedan exceptuados de la confiscación los bienes de las mugeres e hijos de los emigrantes que permanecieron en el territorio libre; pero se reservan para el estado el tercio y quinto de los que aquellos habían de heredar del padre emigrado:
6°-También están libres de dicha pena los menores de diez y seis años, aunque hayan emigrado, siempre que cumplida esta edad, al cabo de un año se presenten a incorporarse en la República, corriendo entre tanto la conservación de sus bienes por cuenta del Estado:
7°-Los bienes de la mujer están exceptuados de la Ley de confiscaciones. Las que hayan emigrado, y tenido una conducta positivamente hostil, acreditada con actos de expionage, persecución declarada contra los Patriotas, u otros atentados de igual naturaleza contra la República, si no vuelven á entrar a su territorio un año después de haber sido libertado, incurran en la pena de confiscación de bienes:
8°-Todas las propiedades confiscadas por el gobierno español a los patriotas, serán administradas igualmente por cuenta del estado, hasta que se presenten a reclamarlas legítimos interesados:
9°-Todas las cargas inherentes a las propiedades confiscadas, ya sean por deudas escrituradas con hipoteca ó sin ella, ya por fundaciones piadosas, vínculos, o capellanías a que algún particular tenga legítimo derecho, le serán adjudicados y reservados a sus Señorios en la misma finca”: