martes, 8 de enero de 2013

Expedición de Sir Walter Raleigh


12 de junio de 1616. Sir Walter Raleigh obtuvo permiso del gobierno de Inglaterra para una expedición hasta el nuevo mundo al encuentro de tierras y riquezas para su imperio.
            Sobre la marcha y emocionado por su idea de otra aventura acariciada al calor de las noticias que del nuevo mundo tenía y llegaban al viejo continente, organizó una expedición de catorce buques con mil doscientas quince toneladas y unos mil hombres.
            Comandando la expedición iba él a bordo del buque “Destiny”, rumbo a las Bocas del Orinoco, por donde decían se podía entrar hacia la dorada Manoa.  Su viaje hasta Trinidad fue expedito pues ya el 6 de febrero de 1595 había estado en San José de Oruña y hecho preso al gobernador Antonio de  Berrío.
            Pero ahora, al llegar a Trinidad, donde tuvo que combatir para posesionarse nuevamente de la isla, enfermó gravemente y adelantó hacia Santo Tomás de la Guayana a su lugar teniente, Capitán Lorenzo Keymes, acompañado de su hijo Wat, con una fuerza de 600 hombres y cinco navíos.
            Diego Palomeque de Acuña, gobernador de la provincia de Guayana, con sólo 57 hombres, enfrentó a los corsarios, pero murió en el combate al igual que la totalidad de los defensores de la ciudad.  También del lado de los corsarios murieron el hijo de Walter Raleigh y cuatro oficiales.  El capitán Keymes se suicidaría después por la muerte del hijo más querido de su jefe.  Sir Walter Raleigh, como se ve, fracasó en esta segunda expedición y su comportamiento deterioró las relaciones de su país con España, causando serios disgustos al rey  Jacobo, heredero de la Corona después de la muerte de la Reina Isabel, su protectora.  Por lo tanto, en aras de la paz entre ambas naciones.  Raleigh fue preso y decapitado al regresar a su país.  Antes de ir a la guillotina escribió este su epitafio:  “Tal es el tiempo depositario de nuestra juventud, dicha y demás/ y no devuelve sino tierra y polvo/ el que en la tumba muda y triste/ cuando terminó nuestro camino/ la historia encierra de la vida nuestra/ de esta tumba, polvo y tierra/ me librará nuestro señor, según confío”.

lunes, 7 de enero de 2013

TV-Guayana

12 de junio de 1993. La radio llegó más temprano a Guayana que la televisión. A los seis años de haberse iniciado desde Gran Bretaña la radiodifusión en el mundo (mayo de 1920), llegó a Venezuela con la emisora Broacasting Central de Caracas y seis años después (1932) a Ciudad Bolívar con la emisora Broacasting Bolívar fundada por el técnico electricista Rafael Ángel Cabrera.
            La televisión, en cambio, llegó a Venezuela el 22 de noviembre de 1952 con el canal 5 de la televisora nacional, es decir, 23 años después de haberse iniciado en Nueva York  las primeras trasmisiones regulares de televisión comercial (Feria Mundial de Nueva York, 30 de abril de 1939) y a Guayana en forma permanente y sostenida a partir de 1972, es decir 20 años después que los caraqueños disfrutaban de este prodigio de la electrónica. Igual tiempo fue requerido para que Guayana tuviese una planta propia: TV Guayana, inaugurada el 12 de junio  de 1993.
            David Natera Febres, apoyado en el Correo del Caroní,  que podríamos decir, fue la incubadora de TV-Guayana, hizo todos los trámites ministeriales, estudios técnicos y de accesibilidad, para que Guayana al igual que Boconó, Maracaibo y Amazonas, tuviese su televisora, la televisora que un 26 de mayo de 1993, a las 7:30 de la tarde,  salió al aire la señal de la imagen convencional de las barras de color, en período de prueba y ajuste de los tasmisores.
            El 12 de junio, doña Mercedes Febres de Natera tomada de la mano de su hijo,  despejó la cinta y digitalizó el dispositivo que iluminó todas las pantallas en sintonía  al sur del Orinoco.  Una nueva imagen, un canal distinto y ajeno a lo habitual, muy nuestro, muy propio, alborozaba  a los guayaneses.

domingo, 6 de enero de 2013

Capitán Elsom en Angostura



13 de junio de 1818. El Capitán inglés George Elsom llegó a la Angostura, luego de ser auxiliado en las bocas del Orinoco al naufragar el buque “Morgan Realtler” a bordo del cual venía en calidad de pasajero. 
Cinco días luego de su llegada fue recibido por Simón Bolívar, a la sazón jefe Supremo de la República en guerra,  a quien le propuso formar en Inglaterra un batallón de infantería con 500 o más hombres, completa­mente armados y uniformados de acuerdo con las costumbres inglesas.  
Después de pensarlo bien, Bolívar acept6 la proposición  y fijaron ]as condiciones con respecto a la cantidad de hombres, nombramiento de oficia­les, sueldos y tiempo de servicio.
El 25 de junio, el Libertador, expidi6 el pasaporte y la licencia res­pectivos lo que permiti6 a Elsom viajar de vuelta a Inglaterra. Lleg6 a Londres en agosto y comenzó su trabajo de reclutamiento, tanto en las islas británicas como en el continente, para con­formar los batallones prometidos.
En octubre, ha­bía reclutado y equipado completamente 2.200 hombres.  Al mes siguiente zarparon los 2 primeros buques, un tercero lo hizo el 30 del mismo mes de noviembre y el 10 de junio de 1819 el último, bergantín  "Hussa­reen” mandado por el capitán George Gibson, a bordo del cual venía George Elsom  junto con 20 oficiales y 100 hombres.
El 19 de julio llegó a la boca del Orinoco. Luego fue conducido a tierra en la fle­chera "Victoria" y trasladado frente al Almiran­tazgo, donde le esperaba el Gobernador.  Fue pre­sentado al vicepresidente de Colombia Francisco Antonio Zea quien le dio una halagadora bienve­nida. Sin embargo, no pudo disfrutar mucho tiem­po de los honores que había merecido por el éxito de su empresa, pues pocos meses después enferm6 de fiebre amarilla y murió en Margarita el 13 de septiembre de 1819.  En la última página de los números 16, 20 y 27 del Correo del Orinoco se reseña la actividad de este militar al servicio de la guerra de independencia.

sábado, 5 de enero de 2013

Humboldt en Angostura

14 de junio de 1800. Alejandro de Humboldt, acompañado de Amadeo Bonpland y un indio guaiquerí de nombre Carlos del Pino que lo siguió durante todo su recorrido, llegó a la ciudad de Angostura.
Llevaba el científico y explorador alemán 75 días navegando el Apure, el Orinoco, el Atabapo, Río Negro y Casiquiare, coleccionando especies botánicas, animales, analizando el clima y haciendo variadas mediciones de tipo geográfico, hidrográfico y orográfico.
Gobernaba la provincia de Guayana don Felipe Inciarte, quien recibió a Humboldt y  Bonpland con todos los honores que merecían quienes estaban prestando un invalorable servicio científico a España y al nuevo continente.
Tenía Angostura entonces seis mil habitantes y el gobernador Inciarte había alojado a sus huéspedes en la casa del Secretario.  Humboldt y Bonpland que llevaban meses navegando los ríos de Guayana en curiaras estrechas, expresan en el libro “Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente”, el sentimiento de alegría que los embargaban al pisar tierra angostureña:
“Quedamos sorprendidos de las comodidades que dan al hombre civilizado la industria y el comercio; habitaciones modestísimas nos parecían magníficas, y a cuantos nos dirigían la palabra, los considerábamos agudos e inteligentes.  Después de tan largas privaciones, nos procuraban gran placer verdaderas pequeñeces; con gozo indecible volvimos a ver por primera vez pan de trigo en la mesa del Gobernador.  Sentirse de nuevo en el seno de la cultura es un gran placer, pero no duró mucho para el que es capaz de captar vivamente las maravillas de la Naturaleza en la zona tropical.  Pronto se olvidan las penalidades sufridas, y tan pronto como se está en la costa, en tierra habitada por colonos españoles, se trazan ya proyectos para volver al interior”.
Humboldt y Bonpland permanecerán, sin embargo, 26 días en Angostura, atacados por la fiebre malárica,  a la que  sobrevivieron a fuerza de miel y extracto de quina del Caroní, no así su criado el guaiquerí Carlos del Pino, quién murió ocho días después de haber caído enfermo.

viernes, 4 de enero de 2013

Colegio del Estado de Guayana

15 de junio de 1864. La Asamblea Constituyente del Estado Soberano de  Guayana, convocada al iniciarse el Gobierno surgido de la Guerra Federal, dispuso que el  Colegio que hasta entonces se llamara "Colegio Nacional de Guayana" quedara a cargo del Estado, con el titulo de Colegio del Estado de Guayana.
            La  Asamblea declaró propiedades y  rentas, derechos y acciones del Colegio las que expresa el Decreto Ejecutivo de 8 de Abril de 1834; el capital o intereses reconocidos por la Nación en Decreto Legislativo de 8 de Febrero de 1838; lo acreditado en la Aduana del puerto, por réditos y anualidades no satisfechas; y las no acreditadas en 1859 y 1860; el capital a censo reconocido por particulares; lo que se debe al Colegio por arrendamientos en el De­partamento Upata; los derechos que por grados académicos deban que­dar en la Administración de sus rentas; las donaciones que se hagan al Colegio por el ilustra­do patriotismo de ciudadanos; y el edificio en que está el Colegio, y todas ]as demás adquisiciones que por cualquier respecto le pertenezcan o pue­dan pertenecerle.
Sobre la Junta de Instrucción Pública, la Asamblea dispuso que en el Colegio del Estado podía conferir gra­dos en todas las facultades, con sujeción a los requisitos pres­critos en las leyes, decretos y resoluciones del Código de Ins­trucción Pública vigente.  También que el sistema general de instrucción publica quedaría centralizado en el Poder Ejecutivo del Estado, quien ejercería libre­mente todas las atribuciones y llenará todos los deberes que por las leyes tenia el Poder Ejecutivo Nacional. A este efecto se creó una junta denominada Dirección de Instrucción Publica compuesta del Jefe del Estado que la presidirá, del Rector y Vice-rector, y de los dos catedráticos más antiguos.
El Colegio estaba a cargo de un Rector designado por el Poder Ejecutivo del Estado y un Vice-rector nombrado por ambos y los tres a los catedráticos.  La ley fue sancionada el 11 de junio bajo la presidencia del diputado Serapio Machado y ejecutada el 15 de junio por el Presidente del Estado José María Frontado.

jueves, 3 de enero de 2013

Piar contra la Jefatura Suprema

16 de junio de 1817. El General Pedro Briceño Méndez, secretario de Piar en la campaña de Guayana, responde desde Upata, una comunicación enviada por el Libertador desde Angostura, pidiéndole averiguara con relación al proyecto de un nuevo gobierno que se estaría cocinando para sustituir su autoridad.  El Libertador recibió esta respuesta de Pedro  Briceño Méndez:    “Según estoy informado por el general Piar –contesta Briceño- no se ha tratado de erección de nuevo gobierno, o a lo menos no ha llegado a su noticia.  Lo que se intenta no es crear, es reformar el que hay, y hablando en términos propios, ayudar a Vd en  el  gobierno. Es  verdad  que  este  pensamiento  tal  vez  no  habría  tenido  lugar  sin  la  farsa  de  Cariaco; pero  también  es  verdad  que  no  tiene  nada  de  semejante  a  aquélla.  Aquí  no  se  pretende  la  menor  cosa  contra  Vd,  su  autoridad  se  respeta,  y  queda  existente.  Toda  la  pretensión  es  dar  a  V  un  senado  o  consejo  para  que  tenga  algo  de  democrático  o  representativo  nuestra  forma  de  gobierno,  y  para  que  haya  quien  trabaje  en  lo  civil  y  político  mientras  Vd  se  ocupa  en  las  atenciones  de  la  guerra.
Esto  es  todo  lo  que  he  podido  saber  en  el  asunto;  pero  se  me  asegura,  que  aunque  tiene  un  gran  partido  este  proyecto,  nunca  fue  el  objeto  de  los  que  lo  concibieron  llevarlo  a  efecto  tumultuariamente,  sino  proponérselo  a  Vd.  y  que  se  ejecutara  con  legitimidad.  No    si  me  engañan.  Creo  que  no,  porque  no  hay  un  motivo.
Yo  no  me  atreveré  a  decir  a  Vd.  mi  opinión.  Siendo  yo  un  ente  puramente  pasivo  debo  pasar  por  todo  y  callar,  además  de  que  no  me  creo  capaz  de  formarla  en  un  negocio  de  tanta  importancia.  Conozco,  sin  embargo  que,  aunque  no  deja  de  tener  sus  inconvenientes,  tiene  también  sus  ventajas  respecto  de  Vd.  y  respecto  a  la  república (…)

miércoles, 2 de enero de 2013

La upatense Concepción de Taylhardat



17 de junio de 1953.  Falleció en Caracas donde transcurrieron los últimos años de su vida, la poeta y periodista Concepción Acevedo de Taylhardat, casi centenaria, pero muy lúcida esta mujer nacida en la Villa de San Antonio de Upata en 1855.  Se distinguió en el mundo de las letras como poetisa, docente y periodista, en un tiempo en  que la incorporación de la mujer a los ofrecimientos de la vida moderna actual, se veía prácticamente vedada y como si no fuese suficiente esta mujer sin proponérselo, rompió la barrera de la longevidad pues vivió 98 años y resulta ser ahora, mediante verificación histórica, la primera venezolana que incursionó en la vida del periodismo literario con una publicación propia. Ese camino habrá de seguirlo más tarde su sobrina, Anita Acevedo Castro con su quincenario El Alba que circuló en Upata durante veinte años.
            Contrajo matrimonio con el francés Raúl Lefranc de Taylhardat, poeta y oficial  retirado del ejército galo.  Luego se trasladó a Ciudad Bolívar  cuando tenía entonces 21 años, donde encontró clima y mejores posibilidades para dar rienda suelta no sólo a su vocación literaria, sino para ejercer la docencia y cumplir con la misión de su madre.
            Nacieron en la antigua Angostura del Orinoco: Leopoldo Augusto, Gustavo Adolfo y Carlos Alberto.A la edad de 35 años y tras la muerte de su esposo, se radicó en Caracas, con mejores perspectivas, para consolidar su carrera de docente en calidad de Inspectora de Escuelas, cargo que le asignó el Presidente de la República Raimundo Anduela Palacios por sugerencia de la Primera Dama, quien conocía a Concepción a través de su libro Flores del alma publicado en Ciudad Bolívar en 1888 y que la enmarca dentro de la corriente parnasiana.
            En la Caracas de 1890 pudo también continuar su trabajo iniciado en Ciudad Bolívar en el periódico literario de Brisas del Orinoco (1885), el primero fundado y dirigido en Venezuela por una mujer. En él firma sus columnas con el seudónimo de <<Rebeca>>.
            En Caracas publica su segundo volumen en versos Arpegios  y funda dos semanarios literarios: El Avila en 1891 y La Lira que sostuvo con devota pasión literaria, desde 1895 hasta 1928 y en el cual colaboraron Andrés Mata y Luis Urbaneja Achepohl, entre otras glorias de las letras venezolanas.