viernes, 30 de noviembre de 2012

El Ferrocarril del Orinoco



13 de Julio de 1927. El Gobierno Nacional dio a conocer las bases  del Contrato suscrito por el Ejecutivo Federal y el ciudadano Edgar A. Whallis  para la construcción de un Ferrocarril en el Estado Bolívar, toda vez que el suscrito en 1920 no prosperó.
            El general Marcelino Torres García, uno de los pocos Gobernadores de la época nativo de Ciudad Bolívar, alentaba la vieja aspiración de los bolivarenses de un ferrocarril que uniera a la ciudad capital con el interior del Estado.
            En tal sentido estimuló un proyecto de manufactura inglesa, junio de 1920, que estuvo a punto de materializarse luego de haber sido introducido en el Congreso un contrato celebrado entre los Ministerios de Relaciones Interiores, Hacienda y Obras Públicas y el ciudadano Jhon A. Browman para la construcción y explotación de un ferrocarril que partiendo de San Félix pasaría por Upata, Guasipati, El Callao y Tumeremo.
            Este corrió con mala suerte y en  1927 se estudió otra alternativa mediante la firma de un convenio entre el Ejecutivo Federal y el señor Edgar A. Whallis para la construcción de un Ferrocarril entre el Estado Bolívar y Delta Amacuro.
            Whallis, súbdito inglés, en representación de la Venezuela Mining Syndicate Ltd recibió la concesión para construirlo y explotarlo durante 99 años.  Sería tendido desde un punto cualquiera de la margen derecha del Orinoco, aguas abajo del Puerto de San Félix, hasta la región minera de El Callao, con derecho a prolongarlo hasta El Dorado, sobre el Cuyuní.  El punto de partida en el Orinoco se elegiría si fuese posible en un lugar accesible en toda época del año a buques trasatlánticos para carga y pasajeros.
            La edición 8 de la revista “Venezuela of today”, publicada en New York dio cuenta de ese proyecto e informó en febrero de 1919 que los estudios ya concluidos marcaban la línea férrea desde el puerto de Sacupana a la margen de Río Grande, cruzando luego la Sierra Imataca y pasando por El Palmar, El Miamo y El Callao, para terminar en el río Cuyuní, pero igualmente fue un proyecto más, sin resultados efectivos como el de 1873 del general Francisco Monserratte, cuya concesión obtuvo de la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Guayana. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

La Colonia francesa

14 de julio de 1904. Las colonias francesas, alemanas, italianas y de los países bajos eran muy importantes en la Ciudad Bolívar de 1904 y el día de fiesta de su país, la Banda del Estado tocaba música alusiva. El 14 de julio, aniversario de la Toma de la Bastilla, la Banda ejecutaba La Marsellesa en el paseo La Alameda y acudía en pleno la muy activa colonia francesa. Lo igual había ocurrido el 8 de abril cuando G. Bernewitz, Vicecónsul de Dinamarca, enarboló la bandera de su país en honor al Rey Chistian IX, quien cumplía 86 años de edad. Era entonces el decano de los soberanos.
            Un mes después, Manuel Aristeguieta, estrenó su vals “Ciudad Bolívar”: dedicado a Ginesita de Plaza Ponte. Lo estrenó en uno de los muchos pianos que entonces había en las casas distinguidas de la ciudad y que periódicamente venía desde Trinidad a reparar, Daniel Velasco, quien entonces se hospedaba en el Hotel Bolívar, no el actual, por supuesto, sino en el Hotel bolívar de Guillermo Eugenio Monch Siegart, fundado en 1900 en la calle Orinoco.
            Había en la ciudad un notable movimiento artístico que crecía al rescoldo del Teatro Bolívar y que un lunes 12 de septiembre decidió canalizarse a través de una agrupación. Tal la Sociedad Filarmónica que se inició bajo la presidencia de Rafael N. Gil. Lo acompañaban en la directiva: Hermenegildo Alcocer, Mónico Cordero, Pedro Lucas Lunar y Ramón Díaz. El objeto era reunir a todos aquellos que  poseyeran el divino arte de la música, a fin  de proporcionar a nuestra sociedad actos de amena y culta distracción.
            Animadores de esta sociedad eran los veteranos de la Banda del Estado, especialmente su director Jara Colmenares Antonio Lauro (padre) ejecutante del bombardino y quien en 1917 tendrá un hijo homólogo que le dará renombre a Venezuela y Guayana como Guitarrista y compositor de rango internacional.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Juan Eduardo Enet


15 de julio de 1975.  Falleció en Ciudad Bolívar a la edad de 88 años  Juan Eduardo Enet, tipógrafo y periodista en El Luchador de los Suegart.  Hasta entonces había sido el único sobreviviente de siete hijos que tuvieron Luis Genaro Enet, caraqueño con sangre alemana y Genoveva Montes, guayanesa de Angostura.
            La longevidad, característica de la familia, se cumplió de manera acentuada en la humanidad de Juan Eduardo Enet a pesar  de que siempre fue más apegado a los goces de la vida terrenal que los demás.  Se casó con Catalina Marcano, quien fue tan longeva como él y con ella tuvo seis hijos,  19 nietos y 3 biznietos.
            No fue otra cosa en su vida  que periodista de taller y de letras.  Tomó la cosa al principio como deporte aprovechando la amistad de su familia con Edmundo Suegart.    Después no hubo para él en lo adelante otra atracción que regletear, imponer, encuadernar, escribir y hasta llegar a ser Gerente de la imprenta. 
No hubo sitio dentro de La Empresa  que durante 62 años no recorriera y no conforme con esta labor, auspiciaba por fuera otras empresa periodísiticas. Así en 1913 fundó junto con Pedro Peinado la publicación El Demócrata y en el mismo año La Revista Semanal. En 1916 dirigió el semanario  La Justicia y en 1924 La Voz del Orinoco, una revista literaria de vida menos efímera. La Justicia circuló cuatro años y era germanófila pues sus artículos y notas informativas favorecían al Káiser cuando la Primera Guerra Mundial.
            A pesar de lo quebrantado de su vista y de sus piernas, Juan Guevara Enet murió sereno en su casa de la calle Cedeño donde se alzaba el mangal de sus años mozos que tanto añoraba.  Desde allí sintió pasar el tiempo que le mermaba la vida.  No era, por supuesto, el mismo tiempo de ayer.  Este era otro.  Este tiempo que le rebotaba sobre sus espaldas estaba lleno de ruidos y no conocía misterios.

martes, 27 de noviembre de 2012

El Callao cuna del fútbol

16 de julio de 1876. Ingleses trabajadores de las ricas minas auríferas de Caratal (El Callao) jugaron el primer partido de fútbol que se cree es el primero de Guayana y Venezuela como también fueron ingleses e irlandeses quienes introdujeron en Angostura las carreras de caballo (29 de abril de 1819) y no extraña que sean británicos porque ambos deportes tienen su partida de nacimiento fechada en esa nación anglosajona.
            La inmigración de ingleses y corsos atraída por la fiebre del oro de la segunda mitad del siglo diecinueve, dio pábulo al primer juego de fútbol en El Callao del que nunca se supo el resultado de la alineación, sólo que el maestro galés William Simpson, había sido el promotor.
            Este legado nacional ha sido refrendado con una resolución de la Federación Nacional de Fútbol entregada al Alcalde del Municipio El Callao, Coromoto Lugo,  por su directivo Laureano González en acto celebrado el 16 de julio de 2006, para celebrar los 130 años de la iniciación de este deporte en Venezuela.  Siendo así, el Fútbol, deporte que hoy acapara la atención de todos los aficionados del mundo, apareció primero en Venezuela que en Brasil, titulado campeón mundial en cuatro ocasiones.
            A Ciudad Bolívar, el Fútbol llegó en 1921 con el Angostura Football Club. Este Club que contaba con treinta miembros, estaba presidido por Paúl Acquatella, acompañado en la Vicepresidencia por J. Phelan. Presidente Honorario: general Vicencio Pérez Soto, quien para entonces era el Presidente del Estado Bolívar.
El domingo 27 de noviembre de ese año1921, a las 4:30 de la tarde y en los terrenos del Hipódromo del Jockey Club se dio en la ciudad el primer juego de football, entre los equipos Rojos, capitaneado por J. Phelan y Azules, capitaneado por P. Acquatella. El juego se decidió a favor de los Azules 1-0.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Pánico en Angostura

Miguel de la Torre.jpg
17 de julio de 1817.  Los angostureños resistiendo bajo la égida realista durante casi seis meses veían esperanzados que a través del Orinoco pudiese llegar de un momento a otro el apoyo militar suficientemente fuerte para enfrentar a los patriotas que estrechaban cada vez más el cerco de hambre que los llevó al final a comer carne de perro, de gato y cueros de res guisados.  Pero cuando ese día 17 por la mañana, el Comandante de la antigua Guayana dio parte al Comandante General de que se había reconocido ya muy dentro del Orinoco, la escuadra enemiga, compuesta de dos bergantines, cuatro goletas y cinco caladores grandes bien esquifadas y armadas, entraron en pánico, se vieron definitivamente perdidos.  Tal era la del Almirante Luis Brión que se hallaba en Empatar.
Esta noticia precisó a activar las diligencias de embarco con el objeto de reunir las fuerzas en la antigua Guayana antes que los patriotas pudieran  combatirlos en detal.  El Brigadier Miguel de la Torre comunicó la orden para que antes de ponerse el sol todas las familias tuviesen a bordo, pero que ningún soldado al pie de la artillería se moviese de su punto.
Al amanecer del 18 concluyó el embarco de enfermos del hospital y particulares, y en seguida el Brigadier La Torre comunicó una orden a los comandantes de los puntos para que hiciesen tres divisiones de su tropa para marchar una por una en el momento que se haría cierta señal en el reducto de Fernando Séptimo.  La primera parte debía llevarse la mitad dejando tres tiros por cada cañón y llevándose también el repuesto de cartuchos de fusil, y la tercera debía clavar cañones, carga con los útiles de ellos y dirigirse a la reunión de todos que fue en la batería de La Alameda.  A las siete de la mañana ya no miraba persona alguna por la ciudad excepto los defensores, porque las pocas familias que se quedaron que no pasaban de doce, estaban bien escondidas y quietas en su casa.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Rendición de Angostura

File:Jose Francisco Bermudez.JPG
18 de julio de 1817.  Los sostenedores de Angostura al fin se rindieron al ejército patriota y el general José Francisco Bermúdez, comandante del sitio,  pasó a tomar posesión de la ciudad luego de haber sido abandonada por el Brigadier Miguel de La Torre, familias y los restos de su ejército.
            La Torre antes de rendirse se dirigió a los habitantes de la ciudad en estos términos:  “Señores:  en circunstancias como éstas, conviene oír el consejo de todos los leales defensores de Guayana.  Con hombres como vosotros, si tuviéramos que comer, sostendríamos esta ciudad por España durante diez años contra todo el poder de los rebeldes del Continente.  Pero contra un hambre de cuatro meses no hay héroes.  Señores:  Guayana ha hecho todo cuanto cabe dentro del poder humano por mantener en sus torres el pabellón español, a cuya sombra nació y fue feliz.  No hay posibilidad de prolongar más la lucha con hombres que caen muertos de extenuación al lado de nuestros cañones.  El problema  que hay que resolver ahora es abandonar la plaza sin caer en las garras del enemigo”.
            Durante la campaña de Guayana el ejército libertador no le fue posible tomar su capital Angostura a sangre y fuego como varias veces lo intentó.  La ciudad era prácticamente inexpugnable, la rendición fue posible mediante el sitio de cuatro meses.  Cerradas todas las vías de comunicación  fue imposible a sus habitantes abastecerse para subsistir y sostener la defensa.  Se rindieron por hambre.  En la ciudad no quedó burro, mulo, gato ni rata que los habitantes no se comieran.  Hasta el corcel del Brigadier hubo que sacrificar y los cueros que había en los almacenes fueron guisados como mondongos.  Los auxilios prometidos por Morillo para defender la ciudad nunca llegaron y del 16 al 17 se procedió a la retirada a bordo de las corbetas, bergantines y goletas fondeadas en el puerto.  Al día siguiente Guayana era libre y sería desde entonces libre para afincar la libertad del continente.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La Batalla de Ciudad Bolívar

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19 de julio de 1903.  Ciudad Bolívar, baluarte último de la Guerra Libertadora,  sitiada por las fueras militares del Gobierno de Cipriano Castro comandadas por el General Juan Vicente Gómez, estuvo a punto de capitular.  Por la no entrega de Ramón Cecilio Farreras fue imposible la capitulación. Monseñor Antonio María Durán en nombre de Dios suplicó una vez más al Gobierno para evitar el cerramiento de sangre, pero Gómez respondió en estos términos: “Así como hay un Dios, yo tomo a Ciudad Bolívar”
            En la madrugada del 19 de julio de 1903 Ciudad Bolívar sintió el impacto demoledor y retumbante de la artillería gomecista. Los revolucionarios  reforzaron sus puestos en cada frente y rompieron el dique para que las aguas crecidas del Orinoco penetraran hasta la ciudad y la dejaran flotando como isla piramidal desde la cual dispararían durante tres días. El combate fue recio y sangriento en los frentes El Dique, Santa Lucía, Ojo de Agua, Mango Asao, Cerro La Esperanza, El Obelisco, San Isidro, Cerro El Zamuro, El Cementerio, El Convento, Santa Ana y Los Morichales. 3.500 soldados del Gobierno disparando sus fusiles desde tierra y devastadoras cargas de artillería bombardeando desde barcos maniobrados en el Orinoco fue minando calle por calle hasta enervar la resistencia de los 2 mil hombres comandados por el General Nicolás Rolando. El Cuartel de El Capitolio fue el último en rendirse. En el Hospital Ruiz y Mercedes ya no cabían los heridos y en fosas comunes arrojados soldados y civiles muertos que fueron tantos como en la Batalla de San Félix en abril de 1817. Entonces todo se vio perdido. La diana del silencio empujó lágrimas al río y se oyó esta voz firme y pausada: “Ciudadano Presidente de la Republica  Cipriano Castro. El 21 de diciembre de 1901 salí de la Capital a someter al General Luciano Mendoza, primer alzado contra las instituciones de la República. Hoy, después de cincuenta horas de sangrienta batalla, tengo el honor de poner a su disposición esta plaza, último baluartes de la rebelión. Lo felicito por el afianzamiento de la paz en Venezuela. Detalles irán después. General Juan Vicente Gómez”.
           

viernes, 23 de noviembre de 2012

Educación obligatoria y gratita

20 de julio de 1867. El Presidente del Estado Soberano de Guayana, Juan Bautista Dalla Costa Soublette, decidió asumir  el ejecutivo Regional la educación primaria con el agregado de obligatoria y gratuita,  que hasta entonces cursaba  precariamente bajo el dominio de las municipalidades: “Abrigo el decidido propósito de que con las rentas del Estado, se establezcan en todos los distritos, escuelas primarias para la generalización de los rudimentos intelectuales, ya que los ingresos del Municipio no están en capacidad de costearlas”.
En base a ese proyecto decreta siete días después, es decir, el 27 de julio de 1867 dos Escuelas en el Distrito Borbón. Su decreto de instrucción, el primero de la provincia venezolana, resumido en la frase “Saber es poder”, tiene su antecedente  en el  Colegio Nacional de Guayana, convertido luego en Colegio Federal de primera categoría, es decir, universitaria, instalado el 24 de junio de 1840 en la casa donde se reunió el Congreso de Angostura.  Asimismo encuentra antecedente en la Escuela de obreros y artesanos fundada por el Licenciado Ramón Isidro Montes entre 1853 y 1854 y que  el 6 de diciembre de 1869 asumió el ejecutivo del Estado mediante decreto de la Asamblea Legislativa, presidida por Brígido Natera Guerra, el 6 de diciembre de 1869, disponiendo que “La Escuela establecida en esta ciudad para los artesanos, industriales y jornaleros, correrá a cargo de un Director y dos Subdirectores que reúnan las cualidades de profesores, los cuales serán nombrados por el Presidente del Estado”.
Tres años después, por decreto del 27 de junio de 1870, el Presidente de la República, Antonio Guzmán  Blanco, a dos meses de haber vuelto al poder, decrta la educación obligatoria y gratuita en toda Venezuela,  centraliza la actividad educacional, incluso cultural e intelectual, en el país.  De suerte que  a partir de 1870  será el Estado venezolano el que dará la pauta, orientación y estímulo al desarrollo de la educación, la ciencia y el arte, con las limitaciones que siempre implicó el hecho de las guerras civiles y los gobiernos militares y autoritarios, tan reiterados en Venezuela hasta muy avanzado el siglo veinte..


jueves, 22 de noviembre de 2012

Expulsión de los Jesuitas

21 de julio de 1773.   El Papa Clemente XIV ordenó la disolución de los Jesuitas, orden religiosa fundada en Francia en 1534 por San Ignacio de Loyola.  Con rasgos de gran originalidad, la Compañía de Jesús se había extendido sin restricciones por el mundo, gracias a la comprensión de Pablo III, y así pudo establecerse en los llanos colombianos en 1664 de donde extendieron su acción al Orinoco.
            Todo iba muy bien hasta que el Rey Carlos II decretó su expulsión de todos sus dominios siguiendo la línea represiva de Portugal en 1759 y de Francia en 1762. La presión de estos países contra la Compañía de Jesús era tanta que el Papa Clemente XIV ordenó su disolución el 21 de Julio de 1773. Para la fecha, Santo Tomás de la Guayana había sido mudado a la Angostura del Orinoco y era gobernada por Manuel Centurión, a quien le tocó personalmente en julio de 1767 trasladarse hasta Carichana para poner en práctica la medida de expulsión.
Los misioneros jesuitas, una vez reunidos, fueron llevados hasta Angostura y de allí reembarcados hacia el puerto de La Guaira a donde llegaron el primero de agosto, fueron alojados en el Convento de los Franciscanos y en marzo del año siguiente emprendieron viaje de regreso a España.
            Entre el grupo de jesuitas expulsados de Guayana se hallaba el misionero Felipe Salvador Gillij, quien hizo importantes aportes sobre la Orinoquia del período hispánico y la legua indígena.  Fue él quien recogió la leyenda del dios Amalivaca creador del Orinoco según la cosmogonía tamanaca.
            El Padre Gillij, de origen italiano, publicó su obra sobre el Orinoco entre 1780 y 1784,  y en ella, a pesar de la expulsión de que fueron objeto los misioneros jesuitas del Alto Orinoco,  exalta la figura de Manuel Centurión.  “El es merecedor de alabanza inmortal”, expresó el misionero


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Holandeses queman la Capital

22 de julio de 1639.   Holandeses incursionan por segunda vez  contra la Capital de la Provincia de Guayana, la cual saquean, atenta en la Iglesia contra la exposición del Santísimo Sacramento y finalmente incendian el poblado de Santo Tomás situado a la orilla del Usupamo, en el vértice del Delta del Orinoco.
Dada esta lamentable y dolorosa situación, Diego López de Escobar, quien despachaba desde Trinidad desde 1636, decidió reubicarla en lugar más seguro. Exactamente en el lugar del hoy Puerto Ordaz-Matanzas.  Allí el Gobernador se reestableció con los restos de Santo Tomás y para desagravio de la Iglesia, el párroco y feligreses rebautizaron la capital con el nombre de Santo Tomás del Santísimo Sacramento de Guayana, por sugerencia del Sargento mayor Diego Ruiz de Maldonado, quien había llegado en auxilio desde Santa Fe de Bogotá.
La ciudad capital quedó transferida entonces en la margen izquierda del Caroní donde el Gobernador le auguraba mejor destuino.  Por esos lados, tierras antiguas del Cacique Morequito, Diego de Ordaz escuchó por primera vez la voz Uayanos, Uayanos que marcó para siempre la provincia.
            Pero por muy poco tiempo enarboló Santo Tomás el cognomento de Santísimo Sacramento, pues vendría un nuevo Gobernador a cambiar todo lo hecho, incluida la condición de Capital que por más de cuarenta años había conservado la primera ciudad del Orinoco. Por aquellos días resultaba penoso y arriesgado vivir en Santo Tomás de Guayana. Había que tener una bien templada voluntad de acero para insistir apegado a aquella tierra no apta para los frutos del agro y sin embargo tan asediada a sangre y fuego por los enemigos de España. Los efectos de la llamada Guerra de los Treinta Años que conmovía a Europa de alguna forma trasponían el Atlántico y retumbaban muchas veces en el Orinoco.